///// Participación en arquitectura // Lucien Kroll /////

// Pioneros de la participación(2): Lucien Kroll // +info
// Autor // Santiago de Molina
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arquitecto y docente madrileño hace convivir la divulgación y enseñanza de la arquitectura, el trabajo en su oficina y el blog Múltiples estrategias de arquitectura

Cualquiera interesado en una historia de la participación en arquitectura, más pronto que tarde, está obligado a hablar del trabajo de un arquitecto belga cuya actualidad no deja de crecer cada día: Lucien Kroll.

Lucien Kroll, longevo y aun hoy activo, siempre ha estado interesado en los procesos de generación de la forma abandonados por el racionalismo (0). Por explicar su actitud brevemente, Wolfgang Pehnt ha hablado de Kroll en términos de espíritu Sioux. Kroll representa esa mentalidad que presta más atención al caserío acumulado en torno a las catedrales, que a las catedrales en sí. Más próximo al poblado celta que al cardo y al decumano romano. Y por supuesto más cerca de Piranesi que de Laugier.

Una de las obras más interesantes de su carrera es la facultad de medicina de la Univesidad de Lovaina, construida entre 1969 y 1974. Cuando a los estudiantes de medicina se les planteó un modelo de universidad que entendían caduco, exigieron, de modo inusual, que se contara con ellos incluso en la elección del arquitecto.

El complejo programa reunía desde una residencia de estudiantes hasta una estación de metro. Todo ello en una superficie de cuatro hectáreas.(1) “Se emplearon años discutiendo con los estudiantes”(2). Kroll comentaba de la forma en que se desarrolló el proyecto: “Di a cada miembro del equipo un papel en el diseño de la propuesta. Luego designé una división topográfica, para evitar la homogeneidad y la repetición(…). Por aquellos días estábamos empleando técnicas de participación, que luego se pudieron encontrar en el trabajo de psicólogos y sociólogos”.(3)

Se formaron equipos de estudiantes y futuros inquilinos. Cuando los grupos perdían flexibilidad o aparecían disputas, se reorganizaban de manera que todo el mundo conociera los problemas del resto de los equipos y se llegaba a un principio de solución. Sólo entonces se dibujaron las plantas y las secciones. Prácticamente cuando la propia administración de la universidad había perdido la confianza en que todo llegara a buen puerto, se presentó el trabajo.

Un estudiante se propuso demoler parte del edificio para realizar sus propias ideas. Hubo grupos que se organizaron de manera diferente. Un estudiante americano anunció su intención de construir su habitación con una altura libre de siete metros. Aparecieron otros grupos de gente ajena a la propia carrera de medicina: músicos, atletas, incluso jardineros que hicieron de las zonas verdes un huerto. Hubo alumnos de arquitectura que se habían matriculado en medicina para acceder a la posibilidad de desarrollar y  habitar la residencia. Se llegó a instalar una cocina en el hall y un mercado de verduras…(4)

Con el resto del solar ocurrió de manera semejante. La guardería se pudo ampliar con la ayuda de los alumnos. Con el restaurante ocurrió otro tanto.

Visto con la distancia de los años, puede decirse que los resultados en toda la actuación no son, en absoluto, de la misma calidad. De hecho en la estación de metro se llegó a rozar el Kitsch más incomprensible. Se empleo todo tipo de materiales y formas sin ningún objetivo común. Casi como el resultado de una guerra o de una bacanal constructiva. En otros lugares sucedió de modo semejante: a duras penas, en el espacio exterior el jardinero, Le Roy, pudo coordinar todas las intenciones acumuladas (5).

Aun así el conjunto resulta un insólito reflejo de la más honda sociología. Una obra que surgía en su variedad de formas del ímpetu de los propios individuos al hacerse su lugar de vivienda o de trabajo.

El resultado del proceso de participación “facilitado” por Kroll, no se generaba a partir de una propuesta que contemplase el futuro y su adaptabilidad, sino como un reflejo de una serie de tensiones siempre inminentes. La obra fue una solución temporal de todas las individualidades participantes, y por tanto, una invitación descarada a generar nuevos conflictos, más intensos y más amplios, para permitir la proliferación de la arquitectura a lo largo del tiempo.

Si para todo el siglo XX el trabajo diario del arquitecto fue mostrar cierta continuidad coherente con su obra o su trayectoria vital, el empleo de la estrategia de participación asumió que esto no tenía por que ser cierto de modo absoluto. Desde el enfoque de Lucien Kroll aparecía como constante novedad las necesidades y opiniones reales de los habitantes como inexplorado dato de partida.

Desde ese punto de vista, el “perfeccionismo” final que solo podía dar el Autor único resultaba ya inadmisible, puesto que podía llegar a amputar la intervención libre de los futuros habitantes. En muchos de los procesos participativos planteados por el taller de Kroll, el final de la obra encontraban solapados ruina y construcción en un mismo objeto, limitando sus posibilidades reales de uso y perdiendo energías y recursos. Aunque mostrando la apertura al futuro de nuevas intervenciones con cierta flexibilidad.

El hecho participativo en este caso no se mostró denso o interesante en todos sus puntos(6). A partir de un instante, ese modo de trabajo perdía sus límites y podía fácilmente degenerar hacia el puro pastiche o la vulgaridad más recalcitrante. Y sin embargo y a pesar de todo, encontrar un discurso generado de un modo distinto al de todas las imposiciones demiúrgicas del arquitecto moderno, dejó abierto el camino a la aparición de una zona común entre arquitectura y habitantes, que aún hoy, continúa siendo fascinantemente provocativa y actual.

“Una arquitectura compleja, diversa, que muestre sus contradicciones y sus arrepentimientos estimulará la creatividad aleatoria tanto durante su concepción como a lo largo de su uso. Será una arquitectura-tejido, sin límite rígido entre ésta y su contexto, entre hoy, ayer y mañana, entre sus autores y sus usuarios. Sólo entonces será pedagógica. Además, su desaparición, su renuncia a la autoridad ¡no es en absoluto contraria a un arte personal!” (7)

Notas:

(0) Desde esta página ha aparecido su nombre en alguna ocasión, por ejemplo de mano de Israel Nagore, pero se hacía necesario para hablar de participación y sus pioneros tocar su figura como protagonista.

(1)El programa comprendía además un restaurante para 750 personas, un cine, un teatro, un pequeño convento con su iglesia, una enfermería, un pequeño jardín de infancia, equipamientos deportivos, administración, servicios, una oficina de correos, almacenes y servicios. Véase PEHNT, Wolfgang, Lucien Kroll, Buildings and Projects, Rizzoli, Nueva York, 1987, p. 39.

(2) Ibídem, PEHNT, p. 40

(3) Ibídem, PEHNT, p. 40

(4) Ibídem, PEHNT, p. 48

(5) Ibídem, PEHNT, p. 48

(6) Peter Blundell Jones distingue tres estados en el hecho participativo. Y a pesar del paso más allá que supone el trabajo de Kroll, le sitúa en el escalón más elemental de este fenómeno.

(7) KROLL, LUCIEN , Ecologies, Bio, Psycho, Socio/Eco, Ecologies Urbaines. Ed. L’Harmattan, Paris, 1996, (traducción al español de  RIEZNIK, Natalia en http://habitat.aq.upm.es/boletin/n32/alkro.html)

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